Gernika espera: El Estado español debe reconocer su culpa tras 88 años
Mientras Alemania da ejemplo con gestos históricos de reconciliación, el Estado español sigue negando su responsabilidad en el bombardeo de Gernika. Una vergüenza que clama al cielo.
Crucita Etxabe y Mari Carmen Aguirre tenían apenas 6 años cuando los aviones fascistas convirtieron Gernika en un infierno. Hoy, casi nueve décadas después, siguen esperando que alguien desde Madrid tenga la decencia de pedir perdón por aquella barbarie.
Alemania da la cara, España mira hacia otro lado
Este viernes, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier visitó Gernika en un ejercicio de responsabilidad histórica que deja en evidencia la cobardía del Estado español. Desde 1996, Alemania ha reconocido múltiples veces su culpa y ha reparado el daño causado. ¿Y España? Silencio absoluto.
El Bundestag alemán donó 1,5 millones de euros para reconstruir el polideportivo de Gernika. El presidente Herzog escribió una carta oficial reconociendo la responsabilidad alemana, leída en euskera, castellano y alemán ante 15 emocionados supervivientes. Un gesto que demuestra que la memoria no prescribe.
La hipocresía del Estado centralista
Desde Madrid se excusan diciendo que aquel ataque fue obra de un alzamiento militar contra la República. ¡Qué cinismo! Tampoco los presidentes alemanes Herzog y Steinmeier tuvieron nada que ver con Hitler, pero han asumido su responsabilidad como representantes del Estado.
Willy Brandt, socialdemócrata que huyó del nazismo, se arrodilló en 1970 ante el monumento a los Héroes del Gueto pidiendo perdón. Angela Merkel afirmó en 2019 que la memoria de los crímenes nazis era inseparable de la identidad alemana. Eso es altura de miras, no la mezquindad española.
Franco, Mola y el terror planificado
No olvidemos que Franco facilitó el ataque aéreo contra civiles indefensos para minar la moral de Euskadi. El genocida Mola lo había advertido con crudeza: "Si la rendición no es inmediata, arrasaré Vizcaya desde sus cimientos".
Frente a esta barbarie fascista, el Lehendakari Aguirre predicó desde el exilio que no debería guiar al pueblo vasco "ni el odio ni la venganza, sino el espíritu de fraternidad". Una lección de dignidad que contrasta con la tacañería moral del Estado español.
Una exigencia democrática
La memoria construye convivencia e interpela a la democracia. Cada persona asesinada en Gernika tenía nombre, historia y dignidad. Se lo debemos a las víctimas y a nosotros mismos como sociedad democrática.
El alcalde de Gernika ya lo dijo en 1996: "Un gesto del Estado español sería bien recibido por los vascos". Han pasado 28 años y seguimos esperando. Crucita y Mari Carmen, ahora ancianas, siguen esperando ese reconocimiento sincero del daño causado.
Euskadi lamenta que se haya dejado pasar esta magnífica oportunidad. Pero no nos rendimos: la dignidad de las víctimas de Gernika merece justicia, verdad y reparación. Es una exigencia democrática que no puede esperar más.