Un planeta rebelde sin estrella: la Vía Láctea tiene un vagabundo y los científicos no saben cómo llegó allí
Madrid — La galaxia es un sitio lleno de secretos, y uno de los más flipantes acaba de salir a la luz. Un equipo internacional de astrónomos ha logrado medir con una precisión nunca vista la masa y la distancia de un planeta errante. Un mundo que no orbita ninguna estrella, que vaga solo por la Vía Láctea, como un fugitivo cósmico. El objeto, detectado mediante microlente gravitacional, tiene una masa similar a la de Saturno y se encuentra a unos 10.000 años luz de la Tierra. El hallazgo es histórico porque, por primera vez, los científicos no solo han identificado un candidato a planeta errante, sino que han podido pesarlo y ubicarlo con bastante precisión.
¿Qué coño es un planeta errante?
Los planetas errantes, también llamados planetas libres, vagabundos o flotantes, son cuerpos de masa planetaria que no giran alrededor de una estrella como hace el nuestro. En lugar de formar parte de un sistema planetario estable, se desplazan solos por el espacio interestelar. Durante mucho tiempo, estos mundos fueron casi una hipótesis difícil de comprobar. Si un planeta no emite luz propia y tampoco pasa por delante de una estrella cercana, detectarlo es una tarea verdaderamente compleja. No se le puede observar mediante los métodos clásicos de tránsito, que detectan pequeñas caídas de brillo cuando un planeta cruza frente a su estrella, ni mediante velocidad radial, que mide el tirón gravitatorio que un planeta ejerce sobre su estrella.
Debido a esto, los planetas errantes son uno de los objetos más escurridizos de la astronomía moderna. No brillan, no tienen una estrella que los delate y, salvo que se alineen de forma muy precisa con una fuente de luz de fondo, permanecen prácticamente invisibles.
¿Cómo han cazado a este solitario?
La clave del hallazgo está en la microlente gravitacional, un fenómeno predicho por la relatividad general de Einstein. Cuando un objeto masivo pasa por delante de una estrella lejana desde nuestra perspectiva, su gravedad curva el espacio-tiempo y desvía la luz de esa estrella. Durante un breve período, la estrella de fondo parece aumentar de brillo. Ese pequeño cambio luminoso permite deducir la presencia de un objeto invisible entre la estrella y la Tierra.
En este caso, la detección fue posible gracias a una combinación muy poco común: observaciones desde telescopios terrestres y desde el espacio. Participaron proyectos de vigilancia como OGLE y KMTNet, además de datos de la misión espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea. Esa doble perspectiva permitió romper una de las grandes limitaciones de las microlentes: la dificultad para saber al mismo tiempo la masa y la distancia del objeto que actúa como lente.
Hasta ahora, los astrónomos habían detectado candidatos a planetas errantes, pero sus masas solían estimarse de manera indirecta o estadística. En este caso, la observación simultánea desde la Tierra y desde el espacio permitió calcular de forma mucho más directa sus propiedades. Por eso, el hallazgo se considera un paso histórico en el estudio de estos mundos solitarios.
Se formó en un sistema, pero fue expulsado
Esta es una de las hipótesis que barajan los científicos. La primera es que se formara alrededor de una estrella, como los planetas convencionales, y que más tarde fuera expulsado de su sistema por interacciones gravitatorias violentas. Esto puede ocurrir en sistemas jóvenes e inestables, sobre todo si hay planetas gigantes, encuentros cercanos entre cuerpos masivos o al paso de otra estrella cerca del sistema.
En los primeros millones de años de vida de un sistema planetario, las órbitas pueden ser caóticas. Los planetas interactúan entre sí, intercambian energía gravitatoria y, en algunos casos, uno de ellos puede salir disparado al espacio interestelar. Algo parecido, aunque menos extremo, pasa en simulaciones de sistemas planetarios jóvenes: los planetas gigantes pueden migrar, alterar órbitas y desestabilizar a otros mundos. Si una interacción es lo bastante intensa, un planeta puede superar la velocidad de escape de su estrella y quedar liberado para siempre.
Este escenario explicaría por qué podrían existir tantos planetas errantes en la Vía Láctea. De hecho, algunos estudios citados por la NASA estiman que nuestra galaxia podría tener muchísimos más planetas flotantes de lo que se imaginaba.
Otra posibilidad es que se formara directamente a partir de una nube de gas y polvo, de manera parecida a una estrella fallida, pero sin alcanzar la masa necesaria para iniciar reacciones nucleares. Esta hipótesis resulta más discutida para objetos de baja masa, pero no se puede descartar por completo.
¿Por qué esto es un puto bombazo?
Según los datos, el objeto tiene una masa de unas 0,219 masas de Júpiter, equivalente a unas 70 masas terrestres, es decir, ligeramente inferior a la de Saturno. Probablemente se trate de un planeta libre, sin estrella anfitriona, aunque los investigadores dejan abierta la posibilidad de que pueda estar ligado a una estrella muy lejana, con una órbita tan amplia que, a efectos prácticos, se comportaría como un mundo aislado.
Este hallazgo no solo es un avance científico, sino que también nos recuerda lo poco que sabemos del universo. Mientras los políticos se pelean por las autonomías y el rey se pasea en yate, hay un planeta solitario dando vueltas por la galaxia, sin ataduras, sin dueño. Como debería ser la ciencia: libre, sin fronteras, y siempre cuestionando el orden establecido.
Foto: telecinco