25 años volando con vidas a bordo: el piloto que llevó órganos a cientos de pacientes
Luis Miñano tiene 52 años y una carrera que pocos pueden contar. Durante un cuarto de siglo fue piloto de emergencias y su trabajo consistía en algo tan delicado como transportar órganos humanos para trasplantes. “Éramos tiempo-dependientes. Todo gira en torno a los minutos restantes. Lo más importante es estar a la hora establecida en el aeropuerto donde se va a entregar el órgano y el momento crítico se vive en el aire. Tenemos cuatro o cinco horas como máximo para que el órgano llegue en buen estado”, explica. Madrileño de nacimiento pero alicantino de adopción, Miñano ha hecho de todo en el aire: fotografía aérea, vigilancia forestal contra incendios y, sobre todo, traslados de órganos y pacientes. Ahora se dedica a formar a los nuevos pilotos que quieren seguir sus pasos. Una vocación que le viene de familia, porque su padre era piloto de helicópteros fumigadores y mecánico de aeronaves.
¿Cómo es un día de trabajo transportando órganos?
Miñano asegura que el transporte aéreo de órganos fue “un trabajo más” en su carrera, pero también reconoce que le dio algunos de los momentos más “reconfortantes” de su vida. “Al estar en una compañía operadora, los pilotos permanecen en un sistema de guardia localizada y, de un momento a otro, les llega un aviso para transportar un paciente u órgano de un hospital a otro. Se pone en marcha el dispositivo con el equipo médico y todo queda configurado según lo establecido por la compañía”, cuenta. La clave está en tenerlo todo atado antes de despegar, aunque el tiempo de reacción sea mínimo: “La tripulación puede estar haciendo vida normal hasta el momento del aviso. Tienen que estar una hora después en el aeropuerto mientras se coordina el dispositivo”.
Extracciones múltiples y coordinación total
El proceso es una coreografía perfecta. El piloto comprueba la meteorología, revisa el combustible y confirma el origen y destino de la operación. “Cuando el dispositivo es completo, salimos del aeropuerto, recogemos al equipo que hará la extracción en el punto donde se encuentren y los trasladamos hasta la provincia donde permanezca el donante. Ahí, mientras se hace el explante, nosotros esperamos y, una vez acabada la intervención, el equipo viene con el órgano y volvemos al punto de origen para que esos mismos profesionales realicen el implante al paciente receptor. Normalmente se trata de personas fallecidas, aunque a veces hay posibilidad de mantener las constantes vitales hasta el momento de la operación”, detalla.
Lo más habitual son las extracciones múltiples. “Unos nos llevamos el corazón, otros el hígado y otros han venido a por un par de pulmones. La gran coordinación que todo ello implica es gracias a la Organización Nacional de Trasplantes, que se ocupan de todo. Somos número uno a nivel internacional”, presume. Y no es para menos: España lidera el ranking mundial de donaciones y trasplantes desde hace décadas.
¿Qué pasa cuando el tiempo o el clima juegan en contra?
La meteorología es imprevisible y, a veces, juega malas pasadas. “También ha sucedido que hayamos llegado a tiempo y, ya en destino, el órgano resulta no ser válido porque así lo determina el equipo médico”, admite. Pero tienen un as bajo la manga: prioridad absoluta sobre cualquier otro vuelo. “Si pedimos puesta en marcha, despegue con prioridad o rutas directas, nos las autorizan al momento. Se avisa a todos los actores en el escenario, controladores, ambulancias y aeropuertos. Siempre para llegar a tiempo”, explica.
“Parece magia”: el traslado que salvó a un bebé
Entre sus recuerdos, hay uno que destaca por encima de todos: un traslado al aeropuerto francés de Lyon, donde les esperaba un órgano destinado a un bebé español. Es lo que se conoce como un “código 0”. “Detectar que un órgano es válido para un recién nacido en otro país es increíble, parece magia”, reconoce emocionado.
La aviación de emergencias, una salida desconocida
En estos 25 años, la profesión ha cambiado muchísimo. “Antes hacíamos los planes de vuelo a papel y se entregaban en la oficina para que lo derivasen al aeropuerto receptor y este los aceptase. Con la tecnología, todo esto es automático e inmediato. También las aeronaves, cuya biónica ha mejorado; el control aéreo y el espacio aéreo”, compara.
Ahora, Miñano forma a unos 250 pilotos al año, de los cuales el 90% quiere volar en aerolíneas comerciales. Pero él reivindica otras salidas: “Hay otra aviación, un abanico de posibilidades que pocos conocen, como la extinción de incendios, la fotografía aérea y la fotogrametría, el salvamento marítimo o la vigilancia aduanera y forestal. Formar a las nuevas generaciones es necesario, ya que la demanda de pilotos es muy grande. España tiene unas condiciones meteorológicas favorables con las que se puede volar casi 350 días al año”.
¿Qué salidas profesionales tiene un piloto más allá de las aerolíneas?
Según un estudio de European Flyers, el 67,7% de los jóvenes madrileños se sienten atraídos por la profesión. Sin embargo, el 49,3% no sabe qué hay que estudiar para llegar a ser piloto. Y el 59,2% desconoce las salidas profesionales más allá de las aerolíneas. La buena noticia es que cada vez más mujeres se interesan por el sector: el 55,9% de las encuestadas quiere volar.
La aviación de emergencias es una de esas profesiones invisibles que salvan vidas cada día. Y Luis Miñano es la prueba de que, a veces, el cielo es el mejor camino para dar una segunda oportunidad.