30 años del incendio de la Siete Siete: la noche que Valladolid nunca olvidó
Tal día como hoy, 6 de octubre de 1996, hace exactamente tres décadas, Valladolid vivió una de las noches más trágicas de su historia reciente. El incendio de la discoteca Siete Siete, el mítico local de ambiente situado en el número 34 de la avenida de Santa Teresa, en el barrio de La Rondilla, se cobró la vida de cuatro personas y dejó una herida que sigue abierta en la memoria colectiva de la ciudad.
¿Qué pasó aquella madrugada del 6 de octubre de 1996?
El fuego se declaró alrededor de las 6:15 de la madrugada en el sótano del local, cuando aún quedaban unas veinte personas en el interior. La discoteca estaba a punto de cerrar, lo que, paradójicamente, evitó una tragedia aún mayor. Las llamas se propagaron con una rapidez extrema. Los empleados intentaron sofocarlas con extintores, pero fue inútil. No hubo tiempo para nada más que para escapar.
Las víctimas: dos bomberos y dos mujeres
Cuatro personas perdieron la vida. Dos de ellas eran bomberos del cuerpo municipal: el sargento José Luis Vidal Arias, de 39 años, y el bombero Juan Carlos Matarranz de las Moras, de 34. Ambos fallecieron por inhalación de monóxido de carbono cuando se adentraron en el sótano para rescatar a posibles supervivientes. Las otras dos víctimas fueron Lucía Escudero, clienta del local, y María del Carmen Velasco, empleada del guardarropa.
El Ayuntamiento decretó dos días de luto oficial. La despedida fue multitudinaria: más de tres mil personas asistieron a los funerales de los dos bomberos. Cada año, los Bomberos de Valladolid y los vecinos rinden un emotivo homenaje con una ofrenda floral y un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas.
¿Se esclarecieron las causas del incendio?
Nunca se determinó con certeza oficial el origen del fuego. Se barajaron varias hipótesis: una colilla mal apagada en un sofá o un fallo eléctrico en el panel de interruptores. Pero la causa principal jamás se confirmó. El local quedó completamente calcinado y, tras las reformas de consolidación del edificio, se clausuró para siempre como discoteca.
La condena al dueño: una sentencia que dejó sabor amargo
El 26 de octubre de 2000, el Juzgado de lo Penal número 2 de Valladolid condenó a Jesús Arranz, dueño de la sala, como culpable de dos faltas por homicidio, las de la clienta y la trabajadora del guardarropa. En el caso de los dos bomberos, el tribunal entendió que perdieron la vida en acto de servicio, por lo que no se le imputó penalmente. También fue condenado por cinco faltas de lesiones por imprudencia leve. Nunca llegó a ingresar en prisión.
La discoteca cumplía con las normativas de seguridad vigentes en los años 90, así que la vía penal se limitó a multas económicas e inhabilitaciones temporales. El dueño, de hecho, pudo seguir con su actividad empresarial en la ciudad.
¿Por qué tardaron tanto las indemnizaciones?
La sentencia dejó un sabor amargo en La Rondilla. Las familias y los vecinos consideraron que la pena fue mínima y que la reparación por daños materiales y morales tardó demasiado. Jesús Arranz se declaró insolvente, lo que obligó a la aseguradora Musa a hacerse cargo de las indemnizaciones. Pero la compañía se resistió recurriendo sistemáticamente las cuantías, lo que provocó que los afectados tardaran más de una década en cobrar. No fue hasta finales de 2007, once años después, cuando se dio carpetazo al caso y los afectados recibieron todas las compensaciones pendientes con sus intereses.
Una herida que sigue viva
Tres décadas después, la Siete Siete sigue siendo un símbolo de la negligencia y de la lentitud de la justicia. La memoria de las víctimas permanece, y el homenaje anual es un recordatorio de que la ciudad no olvida. Pero también es una llamada de atención: la seguridad en los locales de ocio no puede ser una opción, y las víctimas no pueden esperar once años para que se les haga justicia.