Clara denuncia: el campo español abandona a los jóvenes mientras las élites se forran con su trabajo
La agricultura española está en las últimas. Los datos oficiales lo confirman: solo el 8,9% de los titulares de explotaciones agrarias tiene menos de 41 años, mientras que un 41,3% ya supera los 65. Pero esto no es casualidad, es el resultado de décadas de políticas neoliberales que han convertido el campo en un negocio para especuladores.
Clara Sarramián, agricultora riojana, lo tiene claro: "Empezar de cero en el campo es algo que los jóvenes no deberían plantearse porque los números no salen". Y tiene razón. Mientras las grandes superficies y distribuidores se forran, los agricultores malviven con precios de miseria.
El drama de Clara: trabajar 16 horas para enriquecer a otros
Clara lleva más de cuatro años luchando en solitario con una finca de hectárea y media en Logroño. Su historia es la de miles de agricultores españoles: heredó el negocio familiar cuando su madre se jubiló, movida por la "rabia" de ver cómo se perdía el trabajo de generaciones.
Pero la realidad es brutal. En verano trabaja de lunes a domingo, entre catorce y dieciséis horas diarias. Y para qué: para vender el kilo de tomate a 0,80 euros a los mayoristas y verlo después en tienda por más de 3,50 euros.
"Prefiero tirarlos antes que pasar por el aro de precios injustos", confiesa Clara. Una frase que resume la indignación de todo un sector abandonado por las instituciones.
La trampa del sistema: solo sobreviven los que ya tienen
Clara tuvo que reinventarse hace año y medio. Dejó de vender a distribuidores y optó por la venta directa al consumidor final a través del boca a boca y las redes sociales. Es la única forma de escapar de la explotación de los intermediarios.
Pero incluso así, su mensaje es claro: "Si alguien no cuenta ya con tierras, maquinaria o infraestructura heredada, ni siquiera debería plantearse empezar".
España tiene un déficit de entre 20.000 y 40.000 jóvenes agricultores. No es porque no quieran trabajar, es porque el sistema está diseñado para expulsar al pequeño agricultor y favorecer la concentración en manos de unos pocos.
Un futuro incierto para la soberanía alimentaria
La visión de Clara sobre el futuro es demoledora: no cree que pueda seguir dedicándose a la agricultura dentro de diez años si las condiciones actuales se mantienen. Y ella partía con recursos familiares.
Mientras tanto, las grandes corporaciones del agronegocio siguen aumentando sus beneficios a costa del trabajo de pequeños agricultores como Clara. Es hora de cambiar el modelo y apostar por una agricultura social y sostenible que garantice la soberanía alimentaria de nuestros pueblos.