La comunidad ecuatoriana y los vecinos de Oviedo han dicho basta. Este domingo, la iglesia de San José de Pumarín se llenó hasta los topes para despedir a Jacky Coronel, la mujer de 52 años que apareció calcinada en su piso de la calle Eugenio Tamayo. Pero no fue solo un adiós: fue un grito de justicia. “Lo único que pedimos es que caiga sobre ellos todo el peso de la justicia”, clama Karol Ortíz, amiga de la fallecida, mientras la ciudad aún no digiere la barbarie.
¿Quién era Jacky Coronel y por qué su muerte ha removido Oviedo?
Jacky no era una desconocida. Era esa persona que “se desvivía por los demás”, como la recuerda su pareja, Luisa Frugoni. Una mujer “luchadora y guerrera”, llena de cariño y generosidad. Sus amigas Karol Rodríguez y Nancy Reyes lo tienen claro: “Siempre ayudaba a todo el mundo que lo necesitase con ropa, comida y a nivel económico”. Una persona abierta, que hablaba con todo el mundo, que se ganó el cariño de la comunidad ecuatoriana y también de los españoles que tuvieron la suerte de cruzarse con ella. Por eso, su círculo más cercano la llamaba cariñosamente “Paquito”. Un apodo que ahora duele pronunciar.
¿Qué pasó la madrugada del crimen en la calle Eugenio Tamayo?
Los hechos se remontan al 27 de septiembre. Sobre las 07.30 de la mañana, una vecina alertó a los servicios de emergencia tras escuchar una detonación y ver humo en un primer piso. Cuando los bomberos sofocaron las llamas, encontraron el cadáver calcinado de Jacky en el suelo de una habitación. La hipótesis policial es demoledora: fue apuñalada y después quemaron la vivienda para ocultar el crimen y destruir pruebas. Horas antes, los vecinos habían escuchado una fuerte discusión entre un hombre y dos mujeres, y vieron cómo tiraban enseres y ropa por la ventana. La última comunicación de Jacky fue un WhatsApp a las 03.41 de la madrugada a una amiga que no pudo atenderla. Después, el silencio. Su teléfono nunca volvió a encenderse.
¿Quiénes son los detenidos y qué se les imputa?
La investigación, a cargo del grupo UDEV III de la Brigada Provincial de Policía Judicial, no tardó en dar frutos. Localizaron a los dos sospechosos en un hotel de Gijón, después de que huyeran de Oviedo en taxi. Se trata de un hombre de 32 años de nacionalidad española y una mujer de 37 años extranjera, a quienes Jacky había subarrendado una habitación de su propia casa. Ambos están en prisión provisional, acusados de su presunta implicación en el asesinato. La exigencia en las calles es unánime: “Queremos que él se pudra en prisión y que a ella la deporten cuanto antes”, grita uno de los asistentes al homenaje. Sin contemplaciones.
Un homenaje marcado por el dolor y la ausencia de la familia
La misa, oficiada por el párroco Hilario José Valdés, fue un acto de resistencia emocional. La familia directa de Jacky no pudo estar presente. “Está abierta una investigación y prefieren no exponerse”, explicaron desde su entorno. Fueron sus amistades más cercanas, con Luisa Frugoni a la cabeza, visiblemente afectada, quienes impulsaron la celebración. “Jamás en la vida la olvidaré”, asegura entre lágrimas. La iglesia se llenó de compatriotas, amigos y conocidos, pero también de españoles que compartieron con ella momentos de su vida en Oviedo. Una muestra de que el cariño no entiende de nacionalidades.
¿Qué se pide ahora desde la comunidad?
Justicia. Y que no se repita. La comunidad ecuatoriana en Asturias, y la sociedad ovetense en general, exigen que este caso no quede en un cajón. Que los responsables paguen por lo que hicieron. Que la memoria de Jacky Coronel, la mujer que se desvivía por los demás, no se convierta en una estadística más. Que caiga sobre ellos todo el peso de la justicia, como piden sus amigas. Y que la sociedad entienda que la violencia machista y la violencia vicaria también se ceban con las personas migrantes, con las que más lo dan todo y menos tienen.
