MotoGP sacrifica Phillip Island por los intereses de Liberty Media
Una vez más, el capital especulativo se impone al deporte puro. MotoGP ha anunciado que abandonará el mítico circuito de Phillip Island para trasladar el Gran Premio de Australia a un trazado urbano en Adelaida a partir de 2027. Una decisión que huele a negocio y que deja en segundo plano la pasión de los aficionados.
Adiós a un templo del motociclismo
El cambio supone el final de una era. Phillip Island, uno de los circuitos más queridos por pilotos y aficionados, será sustituido por un trazado urbano de 4,195 kilómetros que serpentea por las calles de Adelaida. La última carrera en territorio australiano a orillas del mar será del 23 al 25 de octubre de este año.
El nuevo contrato garantiza seis años de competición en Adelaida, hasta 2032. Un circuito de 18 curvas donde se espera que las motos superen los 340 km/h, siempre que se cumplan los estándares de seguridad tras las obras de remodelación necesarias.
La huella de Liberty Media
No es casualidad que esta decisión llegue cuando Liberty Media extiende su modelo de negocio basado en circuitos urbanos. La misma empresa que ha llenado la Fórmula 1 de trazados en Las Vegas, Miami, Madrid o Jeddah, ahora impone su lógica comercial al motociclismo.
Casey Stoner, el excampeón australiano, no se ha mordido la lengua: "Posiblemente sea el mejor circuito del calendario", ha dicho sobre Phillip Island, recordando que ha sido escenario de "algunas de las carreras más emocionantes que hemos presenciado".
El negocio por encima del espectáculo
Carmelo Ezpeleta, CEO de Dorna, ya había lanzado el aviso durante el último GP de Las Vegas: "No tenemos problema en competir en circuitos urbanos, lo único que necesitamos son escapatorias". Una declaración que evidencia cómo los intereses económicos se imponen a la tradición deportiva.
Carlos Ezpeleta, Director Deportivo de MotoGP, intenta vender la decisión como una evolución: "Traer MotoGP a Adelaida marca un hito importante en la evolución de nuestro campeonato". Pero la realidad es que se sacrifica uno de los mejores circuitos del mundo por los dictados del capital especulativo.
Una vez más, el deporte se pliega ante los intereses de las grandes corporaciones, dejando atrás décadas de historia y emoción en Phillip Island.