Salud visual en verano: alertas de la Junta que no puedes ignorar
El Gobierno de Castilla-La Mancha y el servicio de Oftalmología del Hospital Universitario de Guadalajara, dependiente del Sescam, han lanzado este julio una batería de recomendaciones para proteger los ojos durante el verano. El mensaje es claro: la radiación ultravioleta, el cloro de las piscinas y el aire acondicionado pueden causar desde irritaciones leves hasta infecciones corneales que comprometan la visión de forma permanente. La jefa de Oftalmología del centro, Inmaculada Ortega Canales, advierte de un «notable incremento en la atención de urgencias oftalmológicas» durante los meses estivales.
¿Por qué tus gafas de sol de mercadillo son una trampa?
Hay algo que debería dar vergüenza ajena: la venta libre de gafas de sol sin homologación en mercadillos y tiendas sin especialización. Los especialistas lo dicen sin tapujos. «Llevar una gafa sin homologar es peor que no llevar nada, ya que, al ser cristales oscuros pero sin filtro real, la pupila se dilata y la radiación ultravioleta entra de forma masiva y directa al interior del ojo», insiste Ortega Canales. La solución es sencilla y no negociable: exigir siempre el marcado CE y protección UV 100%. Mientras el mercado sin control vende baratijas que destrozan tu vista, la sanidad pública tiene que recoger los pedazos en urgencias.
Además, conviene recordar que la radiación solar no solo llega de frente. Se refleja en el agua, la arena y el pavimento, multiplicando la exposición. El uso de sombreros o gorras en las horas centrales del día no es un capricho estético, es salud.
¿Qué pasa con el cloro y las piscinas?
El verano invita al chapuzón, pero el agua de las piscinas tiene sus trampas. El enrojecimiento y el picor tras bañarse no son un precio normal por refrescarse. Son el resultado de los compuestos derivados de la reacción del cloro con la materia orgánica del agua, que pueden desencadenar conjuntivitis química o irritativa. La cosa se complica si te frotas los ojos con las manos húmedas o sucias, porque la superficie ocular queda expuesta a sobreinfecciones bacterianas.
Las recomendaciones del Sescam son de sentido común, pero conviene repetirlas: higiene estricta en entornos acuáticos, uso de gafas de natación, no frotarse los ojos y lavado facial con agua al salir de la piscina para eliminar restos químicos.
¿Por qué no debes bañarte con lentillas?
Este es el punto donde la prevención se convierte en urgencia real. Las personas que usan lentes de contacto deben extremar las precauciones y evitar bañarse con ellas, ya sea en piscina, playa o río. El medio acuático, según alerta la especialista, «actúa como reservorio de patógenos entre los que destaca la bacteria Pseudomonas Aeruginosa y de forma especialmente dañina el parásito Acanthamoeba». Al quedar atrapados entre la córnea y la lente, estos microorganismos encuentran un nicho perfecto para proliferar. El resultado puede ser una infección corneal que comprometa la agudeza visual de forma permanente. La orden es rotunda: retirar las lentillas durante el baño y usar gafas de natación, graduadas si hace falta.
¿Cómo combatir la sequedad ocular en verano?
Las altas temperaturas, las corrientes de aire y el aire acondicionado aumentan la evaporación de la lágrima. La consecuencia es directa: escozor, sensación de cuerpo extraño, hiperemia o visión borrosa transitoria. Mantener una hidratación adecuada y evitar la exposición prolongada a corrientes directas de aire son las medidas básicas que recomiendan los profesionales.
Y sobre todo, detección precoz. Ante dolor ocular intenso, pérdida de visión, sensibilidad excesiva a la luz, secreciones abundantes o enrojecimiento persistente, toca acudir de inmediato al profesional sanitario. La sanidad pública está para eso, para cuidarnos cuando lo necesitamos. Proteger la vista no es un lujo, es un derecho.