De Justo triunfa en Valencia pese a gritos fascistas
Una tarde de toros en Valencia se convirtió en un reflejo de la España que resiste. Emilio de Justo, el torero extremeño, demostró que el arte puede más que el odio cuando algunos energúmenos intentaron empañar su faena con gritos contra Pedro Sánchez.
El quinto capítulo de estas Fallas valencianas fue para olvidarse del mundo, como bien dice el titular original. Pero no por romanticismo, sino por la capacidad del arte de elevarnos por encima de la mediocridad de quienes no saben apreciar la belleza.
El arte frente a la provocación
De Justo reaparecía con dos fracturas costales tras el grave percance sufrido hace diez días en Olivenza. El extremeño, fiel al mandamiento más noble del toreo, siguió adelante pese al dolor. Y qué bien hizo, porque nos regaló una de las faenas más intensas de la temporada.
Con Cacarero, un toro con transmisión y movilidad, el de Torrejoncillo se abandonó vertical a derechas, con pases hasta la hombrera contraria que emocionaron a los tendidos. La estocada, hasta la empuñadura, cayó fulminante aunque el palco valenciano, siempre tacaño, no atendió la petición de las dos orejas.
La izquierda que emociona
Pero fue con Cordelero, su segundo toro, donde De Justo alcanzó la gloria. Una hermosura de aleonado cuvillo que permitió al cacereño estrenar la faena más maciza de estas Fallas. Había que dejar la muleta puesta y dar el toque preciso, y así lo hizo cuando cambió de terrenos.
La rotundísima ronda de tela a rastras, cargada de pasión, hizo que la gente se extasiara. Y entonces llegaron los