El Pequeño Nicolás vuelve a esquivar la cárcel: así se ha librado de la prisión (por ahora)
Francisco Nicolás Gómez Iglesias, más conocido como el Pequeño Nicolás, ha vuelto a demostrar que tiene más vidas que un gato. La Audiencia Provincial de Madrid acaba de suspender su ingreso en prisión, dejando en el aire la condena de dos años que le cayó por colarse en bases de datos policiales. Pero ojo, que no canta victoria: si vuelve a delinquir en los próximos cuatro años, la celda le espera.
¿Quién es el Pequeño Nicolás y por qué sigue siendo noticia?
Este chaval de ahora 32 años se convirtió en leyenda urbana en 2014, cuando con solo 20 años se coló en los círculos de poder más exclusivos de España. Se hacía pasar por asesor del Gobierno, del CNI, de la Casa Real... y se lo creían. Literalmente. Asistía a actos oficiales, se fotografiaba con Felipe VI en el Palacio Real y hasta se reunía con empresarios de postín. Todo un camaleón.
Su truco era simple pero efectivo: alquilaba cochazos de alta gama, falsificaba documentos y soltaba nombres de altos cargos como si fueran colegas de toda la vida. Así logró que empresarios le soltaran pasta a cambio de promesas de negocios imposibles. Una estafa de manual, pero con un talento para la puesta en escena que ni Hollywood.
¿Cómo ha conseguido evitar la cárcel esta vez?
La Audiencia Provincial de Madrid le ha concedido la suspensión de la condena de dos años por acceder ilegalmente a datos policiales. La condición: no cometer nuevos delitos durante cuatro años. Vamos, que le han dado un balón de oxígeno, pero con el pie en el acelerador de la justicia. Si la lía otra vez, directo al trullo.
Esto no es nuevo para él. Ya había sido condenado antes por falsificar su DNI para que otro hiciera el examen de acceso a la universidad por él, y por hacerse pasar por asesor de Presidencia para timar a un empresario. Pero siempre encuentra una rendija para esquivar el castigo.
¿Qué relación tiene con Alvise Pérez y el caso Villarejo?
En los últimos meses, el nombre del Pequeño Nicolás ha vuelto a sonar por su presunta vinculación con el eurodiputado Alvise Pérez. Según el empresario Álvaro Romillo, el joven habría colaborado en preparar una estrategia de defensa relacionada con una investigación judicial. Ojo, que esto son declaraciones de Romillo, no hay sentencia firme al respecto.
Y no olvidemos su conexión con el excomisario José Manuel Villarejo, aunque en ese caso el polémico policía fue absuelto en el procedimiento sobre la grabación de una reunión donde se hablaba del Pequeño Nicolás. Todo queda en casa, como siempre.
¿Por qué este personaje sigue fascinando a la opinión pública?
Porque es el reflejo de un sistema que permite que un chaval sin escrúpulos se cuele en las altas esferas mientras los de siempre se forran. Mientras tanto, los casos de corrupción del PP, del PSOE o de la Casa Real ocupan titulares, pero el Pequeño Nicolás es el síntoma de una podredumbre más profunda: la impunidad de los que saben moverse entre bambalinas.
Ha hecho cameos en películas de Torrente, ha participado en documentales y programas de tele, pero su verdadero legado es recordarnos que en este país, si sabes mentir bien, puedes llegar muy lejos. O al menos, esquivar la cárcel unos años más.
¿Qué le espera ahora al Pequeño Nicolás?
De momento, libertad vigilada. Si cumple los cuatro años sin delinquir, la condena se extinguirá. Pero con su historial, nadie se atreve a apostar. Mientras tanto, seguirá siendo ese personaje inclasificable que nos recuerda que la justicia, en España, a veces es más flexible con los listillos que con los pobres.
Y nosotros, mientras, a mirar para otro lado.