La AfD roza el poder en Alemania: ¿y si el cordón sanitario ya no sirve?
La ultraderecha alemana ha dado un puñetazo sobre la mesa. La victoria de la AfD en Sajonia-Anhalt, con alrededor del 44% de los votos, más del doble que en 2021, la ha dejado a las puertas de la mayoría absoluta. Mientras tanto, la CDU se ha desplomado hasta el 17,5% y socialdemócratas, verdes y Die Linke han quedado a considerable distancia. El avance de la derecha radical es un hecho, y la pérdida de apoyo de los partidos que tradicionalmente han ocupado el centro de la política alemana, también.
¿Por qué la gente abandona a los partidos tradicionales?
El abandono de los partidos tradicionales, en Alemania y en el resto de países democráticos, es multicausal y responde a una crisis de representación relacionada con la inmigración, el deterioro económico, la inseguridad, la pérdida de confianza en las instituciones, la corrupción y la percepción de que las élites políticas, económicas y mediáticas están alejadas de las preocupaciones cotidianas. Las derechas radicales han sabido convertir ese malestar en una oferta política aparentemente atractiva, mientras que los partidos tradicionales han optado en buena medida por tratar de aislar a sus nuevos competidores sin revisar suficientemente las causas de su propia pérdida de apoyo.
¿Funcionan los cordones sanitarios contra la ultraderecha?
Ante esta realidad, conviene preguntarse por la eficacia y los efectos de los cordones sanitarios. Es legítimo que los partidos decidan no cooperar con una determinada fuerza, pero convertir esa decisión en una regla permanente no tiene por qué reducir su apoyo. Si además se acompaña de su deslegitimación o criminalización, puede alimentar entre sus votantes la percepción de que una parte del electorado está sistemáticamente excluida. La democracia permite combatir propuestas alejadas o incompatibles con sus principios, pero si una fuerza obtiene una mayoría conforme a las reglas democráticas, su carácter radical no debería bastar para negar su legitimidad para gobernar si cumplen las leyes.
¿Qué pasa cuando la ultraderecha llega al poder? Los casos de Polonia y Hungría
Las experiencias de Polonia y Hungría permiten observar qué ocurre cuando fuerzas de esta naturaleza llegan al poder. En ambos países, el PiS y Fidesz perdieron las elecciones tras ocho y dieciséis años de gobierno respectivamente, pese a las reformas institucionales de carácter iliberal destinadas a consolidar sus respectivos proyectos. Estos casos muestran que el deterioro de determinados contrapesos puede dificultar la alternancia y hacer más difícil la recuperación de los equilibrios democráticos, pero no necesariamente la elimina. Y, al mismo tiempo, ilustran que el hecho de gobernar somete a estas fuerzas a la prueba del poder que permite a los ciudadanos valorar sus políticas no solo por sus propuestas, sino también por sus decisiones y sus resultados.
¿Debemos entrar en pánico ante un posible gobierno de la AfD?
Ni se deben minimizar los riesgos de un posible gobierno de la AfD ni asumir que su acceso al poder implicará necesariamente la moderación de sus posiciones, pero tampoco hay que caer en el alarmismo, sí en una profunda preocupación, ni interpretarlo como una reedición automática de lo sucedido en los años treinta. Compararlo con el ascenso del nazismo banaliza una experiencia histórica que no admite equivalencias. La historia importa, pero no tiene por qué repetirse, especialmente cuando las circunstancias son tan distintas. La respuesta democrática debe consistir en combatir las propuestas incompatibles con sus principios, aplicar los límites constitucionales cuando corresponda y reconocer a las fuerzas radicales que obtengan una mayoría democrática la oportunidad de gobernar y de someter sus políticas al juicio de los ciudadanos.