La crispación no se toma vacaciones: el verano arde en política
Mientras la economía española vuela y el turismo bate récords, la política se ha instalado en un agosto de fuego cruzado. Incendios forestales, avalancha migratoria en Ceuta y una polarización que en la Comunitat Valenciana alcanza su punto más álgido. La pregunta es clara: ¿cuánto puede aguantar una sociedad que lo tiene todo para estar tranquila?
La respuesta fácil sería un gran pacto de Estado sobre emergencias climáticas, vivienda o migración. Pero eso, amigos, no va a pasar. El Gobierno de Sánchez está en modo electoral, o sea, montado en la ola de la crispación. Y el PP de Feijóo, en lugar de ganar perfil institucional, sigue atrapado en la maraña de Vox, como bien se ve en la Comunitat Valenciana.
Incendios y consensos imposibles
Los incendios de sexta generación y la nueva avalancha migratoria en Ceuta deberían ser la ocasión perfecta para alcanzar acuerdos básicos. Pero eso es cosa del pasado. La crispación máxima ha llegado para quedarse y este agosto será solo el aperitivo de un curso electoral donde la pelea partidista lo llenará todo. Los estrategas lo tienen claro: las elecciones ya no se ganan conquistando el centro, sino consolidando el propio espacio.
Puede que tengan razón, pero ojalá alguien con altura de miras se pregunte si vale la pena. Porque ni los sindicatos, ni la comunidad educativa, ni la gente dependiente merecen afrontar los próximos desafíos desde las barricadas digitales.
La Comunitat Valenciana, laboratorio de la crispación
Un ejemplo vale más que mil discursos. Mientras ardía la Serra d'Espadà, los sindicatos docentes avisaban de que el curso escolar arrancaría con confrontación, y la Conselleria de Educación firmaba la paz con la concertada. Mientras colaboraban en el centro de mando contra el incendio de La Vall d'Uixó, en las Corts el Consell de Pérez Llorca perdía la centralidad por su dependencia de Vox. Y para rematar, el president metió la pata con lo del Mundial, su antecesor se dejó parte de su reputación contratando al sobrino de su futura esposa, y el PSPV queda a los pies de los caballos. Se entendió todo.
Por cierto, el primer partido de la oposición no está en la Mesa de las Corts desde el inicio de la legislatura por expreso deseo de Ximo Puig. Gabriela Bravo nunca ha militado en el PSPV, pese a ser una de las estrategas de la peor campaña de los socialistas valencianos.
El reto migratorio: Marruecos juega sus cartas
El asalto a Ceuta demuestra que las tácticas de la monarquía alauí debilitan la posición de Sánchez en un tema clave. Da igual quién gobierne o el motivo de la fricción: Argelia, Israel, Trump o el Mundial 2030. Después de que Vox haya puesto en el centro la llamada prioridad nacional (una metáfora contra la inmigración magrebí), los populares deberían estar preocupados. A Marruecos le da igual Franco que Sánchez o Feijóo. Las fisuras en política exterior dejan a la intemperie toda la diplomacia y unas relaciones económicas reforzadas. Un dato: la Comunitat Valenciana tuvo en 2025 un superávit comercial con Marruecos de 294,7 millones de euros. Y las empresas valencianas crecen al otro lado del Estrecho cada mes.
El verdadero problema es el flujo de jóvenes marroquíes que vimos en Ceuta. La extrema derecha lo retuerce y lo asocia con delincuencia. Mientras, una izquierda desbordada por esos bulos no ha sabido articular un discurso propio sobre seguridad ciudadana, pilar básico de cualquier democracia.
Despropósitos provinciales
Para cerrar el círculo, la Diputación de València ha nombrado responsable de Protección de Datos a un condenado por revelación de secretos. Vicent Mompó y Ens Uneix demuestran así su nivel de confianza en la transparencia. El condenado accedió sin consentimiento a los correos de su ex pareja. En la corporación lo justifican como un asunto familiar, como si la mujer de Llorca, el sobrino político de Puig o el novio de Ayuso no formaran parte de esa frontera difusa entre lo familiar y lo político.
Lo más triste es que alguien del PP les haya metido ese gol a Jorge Rodríguez y Ricard Gallego, después de todo lo que han pasado.
¿Qué podemos esperar de este agosto?
La crispación no se va de vacaciones. Este agosto será la antesala de un otoño caliente, con elecciones y más polarización. La sociedad española, con su economía fuerte y su bienestar, merece algo mejor que barricadas digitales y peleas partidistas. Pero mientras los partidos sigan en modo electoral, el ruido lo llenará todo.