Casa Montoto cumple 50 años en Oviedo: la barra que no se mueve, la mistela que no falla y los bollos que saben a familia
Hay bares donde uno entra a tomar algo y bares a los que se vuelve porque, de alguna manera, forman parte de la propia vida. Casa Montoto es de los segundos. La barra no se ha movido en medio siglo, muchas banquetas tienen los mismos años que el negocio y en las paredes sobreviven fotos de un Oviedo que ha cambiado mucho más deprisa que este clásico chigre de la calle San Bernabé. Aquí siguen la mistela, los bollos preñaos y, sobre todo, esa familiaridad difícil de fabricar: detrás de la barra ya saben lo que quieres antes de que termines de pedirlo.
El 5 de octubre de 1976 quedó grabado en la historia del Montoto: fue el día de su inauguración. Pero la historia de la familia en este mismo local empezó mucho antes. En la calle San Bernabé funcionó durante décadas un almacén de cervezas de El Águila Negra, desde el que se distribuía también agua de Lanjarón. Se abrió antes de la guerra civil, recuerda Francisco José Díaz Suárez, cuarta generación de una familia ligada a este rincón de Oviedo. Donde ahora están las mesas y las banquetas entraban los camiones para cargar la mercancía. Aquello se quedó pequeño y, en 1975, la familia tuvo que decidir qué hacer con el local. Podía haber sido el final, pero terminó siendo el principio.
Un chigre que resiste a la moda de cambiar por cambiar
La calle San Bernabé vivía entonces uno de sus grandes momentos hosteleros. Todo el mundo se echaba a la calle. Así que aprovecharon aquel ambiente y, un año después, levantaron la persiana de un establecimiento que cincuenta años más tarde sigue en manos de la misma familia.
Una de las peculiaridades del Montoto es precisamente entrar y encontrarlo casi como siempre. La barra actual sustituyó a una primera de madera que se deterioró pronto, pero lleva ya cerca de medio siglo allí. También sobreviven numerosas banquetas originales. Se han reparado cuando hizo falta, pero no se han sustituido solo por parecer antiguas. En las paredes permanece material auténtico de aquellos años y fotografías como las del Club Patín Cibeles. Hay muchos bares que han ido cambiando su esencia, tanto en el producto como en el aspecto, reflexiona el también propietario Pablo Ángel Rodríguez Díaz. El Montoto ha ido por otro camino.
Hay muebles que guardan su propia historia. Díaz recuerda una silla en la que, hace muchos años, un sevillano que estudiaba Derecho en Oviedo y su pareja grabaron un corazón. Pasó el tiempo. Mucho. Hasta que un día apareció por el bar una pareja acompañada de sus hijos. Empezaron a hacerles preguntas hasta que se presentaron. La silla ahí seguía.
Mistela, bollo preñao y una receta que no se negocia
También resulta difícil imaginar el Montoto sin sus dos compañeros inseparables: la mistela y el bollo preñao. La gracia es vender un producto que casi solo vendemos nosotros, destaca Rodríguez. En una época en la que hasta pedir un café puede convertirse en un catálogo de posibilidades, Casa Montoto conserva una fórmula de una sencillez casi obstinada. Sota, caballo y rey.
Los bollos tienen detrás bastante más trabajo del que parece cuando llegan calientes a la barra. Se hacen allí, todos los días, con embutido de Alto Aller y masa preparada por ellos mismos. No elaboran de una vez toda la producción de la jornada. Amasan por la mañana y vuelven a hacerlo por la tarde para servirlos lo más frescos posible. Amasar necesita horas, tiempo y preparación, explica Rodríguez. Detrás de esa receta aparece un nombre que los dos pronuncian con especial cariño: su tía Geles. Nos crió a todos, recuerda Díaz, y fue una de esas personas sin las que un negocio familiar sencillamente no se entiende. Dar la cara es muy sencillo; ella siempre estuvo en segundo plano. Mucha gente no sabe quién era, pero sin ella esto no existiría. De ella nació la idea de hacer en casa los bollos preñaos. En aquellos primeros tiempos se servían los pinchos habituales de un chigre: cabrales, mejillones, anchoas, sardinillas. Así siguió hasta que ella empezó a amasar y cortar chorizo y ganó la partida. El resto de manjares dejaron de ser demandados, reinando esta exquisitez.
¿Cuándo se celebra el 50 aniversario de Casa Montoto?
El viernes y el sábado celebrarán los 50 años. Lo harán el primer día con la tuna y el segundo con Bitter y Kas y, por la tarde, el Trío Calavera.
¿Qué se puede comer en Casa Montoto?
Básicamente, mistela y bollos preñaos hechos allí mismo, con embutido de Alto Aller y masa propia. Ni más ni menos. Y eso es justo lo que hace especial a este sitio.
¿Por qué Casa Montoto es un símbolo de Oviedo?
Porque en medio siglo no ha cambiado ni la barra ni la esencia. Es de esos sitios donde han venido abuelos, padres y ahora vienen los nietos. Un pedazo de historia viva de la ciudad, en plena calle San Bernabé.
