1.200 del Sergas dicen basta a la sobrecarga en Primaria
Más de 1.200 profesionales de servicios generales del Sergas (PSX) han dicho basta. Se han organizado para denunciar la sobrecarga que asfixia la Atención Primaria gallega. Funcional, administrativa, telefónica, tecnológica, organizativa, preventiva. Las petan de trabajo y nadie las escucha. La sanidad pública lleva años exprimida por políticas de austeridad, y quien paga las consecuencias es siempre la base.
La iniciativa arrancó en el área de A Coruña y Cee, pero se ha extendido como la pólvora al resto de áreas porque la situación es la misma en todas partes. Otra reivindicación más que se suma a la larga lista de frentes abiertos que la Consellería de Sanidade mantiene con los profesionales sanitarios. Mientras, la Xunta sigue sin dar respuestas reales.
Estas profesionales cuentan con el respaldo del personal auxiliar administrativo de centros de salud y de otras categorías. Juntas han presentado un escrito colectivo ante el Sergas y la Consellería para poner sobre la mesa una realidad que llevan demasiado tiempo invisibilizada. Porque lo que no se nombra, no existe. Y ellas existen, y mucho.
Las caras invisibles que sostienen lo público
El personal PSX aguanta una parte esencial del funcionamiento diario de los centros de salud. Atención presencial, atención telefónica, gestión de citas, reorganización de agendas, trámites de tarjeta sanitaria, documentación clínica y administrativa, orientación a pacientes, resolución de incidentes, apoyo a profesionales sanitarios y manejo de múltiples aplicaciones corporativas. Básicamente, todo lo que hace que un centro de salud no se venga abajo. Sin ellas, nada.
Pero la categoría ha asumido en los últimos años un incremento progresivo de carga laboral y de herramientas informáticas. Más trabajo, más programas, más pantallas. Y todo sin formación, sin transición y sin evaluar el impacto real sobre quienes tienen que lidiar con ello cada día en el mostrador, por teléfono y cara a cara con la ciudadanía.
Muchos de estos cambios se están implantando sin una transición suficiente, sin formación práctica previa y sin una evaluación real del impacto sobre quien debe utilizarlos diariamente en el mostrador, por teléfono y en contacto directo con la ciudadanía.
Citas, caos y cero soluciones
El escrito también denuncia la carga que supone la reasignación de citas cuando hay ausencias, sustituciones o reorganizaciones de agendas de medicina de familia, enfermería, matrona, trabajo social, nutrición y otros profesionales. En muchos casos, el personal PSX tiene que reubicar citas y contactar una por una con los pacientes para comunicar cambios de día u hora. Un trabajo invisible que devora horas y horas.
Por eso, proponen que el Sergas implante sistemas automáticos de aviso cuando se produzcan modificaciones de cita. Parece de sentido común, pero en la administración pública lo que sobra es burocracia inútil y lo que falta es modernidad real que alivie a quien trabaja de cara al público.
Formación y reconocimiento, no explotación
Otro de los puntos clave es la formación. Reclaman formación inicial para personal temporal, personas procedentes de listas de contratación y personal que accede por promoción interna. Muchas incorporaciones se producen con muy poca antelación y sin preparación suficiente sobre las aplicaciones, circuitos y tareas reales de los centros de salud. Te sientan en el mostrador y a sobrevivir.
Además, si el personal PSX con experiencia tiene que formar o tutorizar a las nuevas incorporaciones, exigen que esa función sea reconocida. Compensación económica, puntuación, mérito baremable o cualquier otro sistema equivalente. No puede ser que se carguen encima el trabajo de formación sin ningún tipo de contraprestación. Eso se llama explotación.
También piden una evaluación objetiva de las cargas de trabajo por centro y turno, así como la intervención de prevención de riesgos laborales para valorar riesgos psicosociales, carga mental, ergonomía, uso intensivo de pantallas, exposición a conflictos con la ciudadanía y seguridad física en los puestos de atención directa. Porque la salud mental de quienes cuidan de nuestra salud también importa, aunque a algunos les parezca secundario.
No es pedir privilegios, es pedir justicia
El escrito colectivo lo deja claro: