Asturias: la sanidad pública crea adictos a psicofármacos sin control ni información
La realidad es brutal: Asturias lidera un año más el consumo de antidepresivos en España, y detrás de las cifras se esconden historias de adicción silenciosa que la sanidad pública alimenta sin control. Mientras el sistema sanitario prescribe benzodiacepinas y antidepresivos como si fueran caramelos, miles de asturianas y asturianos viven enganchados a pastillas que nadie les advirtió que creaban dependencia.
"La médica me preguntó si quería que me lo recetara"
El testimonio de una vecina de la cuenca minera asturiana retrata la negligencia del sistema: acudió por dolor cervical y acabó con alprazolam, una benzodiacepina adictiva. "Yo no sabía que estas pastillas causaban adicción porque nunca antes había tomado nada parecido", explica indignada.
Lo más grave: tras la primera caja, ya no necesitaba ni consulta médica. Una simple llamada telefónica bastaba para renovar la receta. "Así, mes a mes, sin hablar con nadie", denuncia esta trabajadora abandonada por un sistema que prioriza la rapidez sobre la salud.
Bego Castaño: "El médico no me advirtió de que eran adictivas"
La vecina de Siero sufrió ataques de ansiedad y acabó en urgencias del HUCA pensando que tenía problemas cardíacos. Le recetaron paroxetina y Trankimazin sin explicarle los riesgos. "Inicié el tratamiento, pero nadie me habló de revisiones ni de acudir al psiquiatra".
Cuando se quedó embarazada, le dijeron que dejara la medicación de golpe. El resultado: un síndrome de abstinencia tan severo que acabó en urgencias. Una enfermera le explicó que podía provocar un aborto. Dos décadas después, sigue luchando por liberarse de la paroxetina.
"Me convirtió en una yonqui"
Lorena Pérez lleva más de veinte años luchando contra un trastorno de ansiedad. Los antidepresivos le salvaron de etapas oscuras, pero el Trankimazin marcó su condena: "Llegué a consumir cuatro miligramos al día. Me apagaba el cerebro y me convirtió en una yonqui".
Su psiquiatra le reconoció que era muy adictivo y que "hubo una época en la que incluso estaba de moda tomarlo". Cuando quiso dejarlo, le dijeron que sería imposible. Tuvo que desengancharese sola, con meses de temblores, ahogos y mareos.
Un sistema que medica la precariedad
Anay, auxiliar de enfermería en Oviedo, toma diazepam para soportar el esfuerzo físico de su trabajo. La alternativa, la fisioterapia, no es accesible económicamente. "Soy consciente de que el diazepam disfraza el problema, pero no lo soluciona", admite resignada.
El psiquiatra Luis Bastida Rivas denuncia el problema estructural: "Hay médicos de cabecera que atienden a sesenta personas en una mañana y los pacientes quieren salir con una solución rápida". No se explica que son fármacos muy adictivos.
La medicalización del malestar social
Estefanía del Barrio-Herguedas, psicóloga sanitaria, lo tiene claro: "No podemos responsabilizar individualmente a las personas de un malestar que es colectivo". Soledad, sobrecarga laboral, falta de redes de apoyo: problemas sociales que se resuelven con pastillas.
Los antidepresivos pueden ser útiles, pero cuando se convierten en la única respuesta al sufrimiento, "alivian el síntoma, pero no resuelven la causa".
Asturias: líder en psicofármacos y suicidios
Los datos son demoledores: Asturias no solo lidera el consumo de psicofármacos, sino que también tiene la tasa de suicidios más alta del país. La medicalización masiva del malestar está tapando un problema mucho más profundo que requiere tiempo, escucha y respuestas sociales, no recetas.
El reciente Pacto por la Salud Mental asturiano y la futura Ley de Salud Mental abren esperanza para controlar estos tratamientos y reforzar las terapias psicológicas en la sanidad pública. Pero mientras tanto, miles de personas siguen atrapadas en una adicción que el propio sistema sanitario creó.