La epidemia silenciosa: Asturias líder en adicción a psicofármacos
Una crisis sanitaria se extiende por Asturias mientras las instituciones miran hacia otro lado. El Principado vuelve a liderar las estadísticas de consumo de antidepresivos y benzodiacepinas en España, convirtiendo a miles de trabajadoras y trabajadores en dependientes de pastillas que los médicos recetan sin advertir de su potencial adictivo.
"No sabía que causaban adicción"
"Un día fui a la médica de cabecera por un tremendo dolor cervical. Tenía que entregar con urgencia un trabajo en el ordenador, pero me costaba escribir y eso me generó mucha ansiedad", relata una vecina de la cuenca minera asturiana. Su historia refleja la de miles: una consulta rápida, una receta de alprazolam y el inicio de una dependencia que nadie le explicó.
Lo más grave es la facilidad para renovar las recetas. "Tras la primera caja, bastaba una llamada telefónica al centro de salud. Así, mes a mes, sin hablar con nadie", denuncia esta trabajadora.
Testimonios que estremecen
Bego Castaño, vecina de Siero, vivió una experiencia similar. Después de sufrir ataques de ansiedad y acudir a urgencias del HUCA, le recetaron paroxetina y Trankimazin. "El médico no me advirtió de que eran adictivas", explica con indignación.
Su calvario se intensificó durante el embarazo, cuando le aconsejaron dejar la medicación de golpe. El síndrome de abstinencia fue tan severo que acabó en urgencias. "Una enfermera me explicó que no podía abandonar algo así de forma brusca, y menos embarazada, porque incluso podía provocar un aborto".
"Me convirtió en una yonqui"
Lorena Pérez es aún más directa: "Llegué a consumir cuatro miligramos de Trankimazin al día. Me apagaba el cerebro y me convirtió en una yonqui". Su psiquiatra le reconoció que era muy adictivo y que "hubo una época en la que incluso estaba de moda tomarlo".
Tras años de dependencia, decidió reducir la dosis por su cuenta. "Fueron meses durísimos, con temblores, sensación de ahogo y mareos, pero lo logré. El médico no se atrevió, pero yo lo hice", relata con lágrimas en los ojos.
Un problema estructural
El psiquiatra asturiano Luis Bastida Rivas denuncia que el problema no es solo farmacológico, sino estructural. "Hay médicos de cabecera que atienden a sesenta personas en una mañana y los pacientes quieren salir con una solución rápida".
La psicóloga Estefanía del Barrio-Herguedas va más allá: "No podemos responsabilizar individualmente a las personas de un malestar que es colectivo". Señala factores como la soledad, la sobrecarga laboral y la falta de redes de apoyo.
Más allá de las pastillas
Asturias no solo lidera el consumo de psicofármacos, también es la comunidad con la tasa de suicidios más alta del país. Esta realidad evidencia que la medicalización masiva del malestar está tapando un problema mucho más profundo.
La reciente firma del Pacto por la Salud Mental en Asturias y la previsión de aprobación de la Ley de Salud Mental abren un hilo de esperanza. Es urgente reforzar las terapias psicológicas en el sistema público y establecer controles reales sobre estos tratamientos.
La salud mental de la clase trabajadora no puede seguir siendo rehén de las farmacéuticas ni de un sistema sanitario que prioriza la rapidez sobre el cuidado integral.