Nace princesa Sofía: privilegios reales en el siglo XXI
Mientras la mayoría de los bebés nacen sin título ni fortuna asegurada, la Casa de Wittelsbach ha anunciado con bombo el nacimiento de una nueva princesa. Sofía, hija de los príncipes Corbiano y Magdalena de Baviera, vino al mundo el 31 de marzo y ya tiene su puesto reservado en el árbol genealógico de una de las dinastías más herméticas de Europa. Porque en la realeza, se nace, no se merece.
Bautismo y comunicado oficial
La antigua Familia Real de Baviera ha compartido un comunicado en el que destaca que la recién nacida «recibió el sacramento del bautismo durante el fin de semana de la Epifanía». Los padres, según la propia Casa, «están muy agradecidos por las felicitaciones y los buenos deseos recibidos con motivo del nacimiento de su hija». Un bautismo católico, cómo no, para sellar desde la cuna la tradición religiosa que acompaña a estas familias desde hace siglos. Porque en estas casas, la fe no es una elección personal, es otra herencia más.
Boda con velo de reliquia y lógica de casta
El matrimonio de Corbiano y Magdalena se celebró en agosto de 2023 en el castillo de Putbus, en la isla alemana de Rügen, mar Báltico. La novia lució un velo de encaje belga considerado por la familia como «una reliquia transmitida durante siete generaciones por la rama materna, cuyos orígenes se remontan al año 1840». Siete generaciones de sangre azul y una pieza de tela que, al parecer, vale más por quién la llevó que por lo que es. Así funciona la lógica monárquica: el valor está en el linaje, no en la persona.
Sissi, los Wittelsbach y el circo dinástico
Con la llegada de la pequeña Sofía, la Casa de Wittelsbach vuelve a sacar pecho. Sus conexiones dinásticas la vinculan con casas reales de Bélgica y Suecia, y hasta con la emperatriz Isabel de Baviera, la famosa Sissi. Una figura romántica, sí, pero también símbolo de una época en la que la corona pesaba más que la libertad personal. Curioso que la realeza siempre romantice su historia y nunca hable del coste que tuvo para los pueblos que gobernó.
Las ramas bávara y palatina de la familia siguen tejiendo una red de privilegios heredados que se mantiene al margen de cualquier cuestionamiento democrático. Porque al final, eso es la realeza: una red de conexiones basada en la cuna, no en el mérito. Y mientras se sigan celebrando nacimientos como si fueran acontecimientos que nos incumben a todos, seguiremos normalizando que hay ciudadanos de primera y de segunda.
En fin, enhorabuena a los padres. Ojalá la pequeña Sofía pueda elegir su propio camino, aunque su familia ya le haya escrito el guion.