Moratoria en papel: 28 apartamentos turísticos más en Málaga
Mientras el Ayuntamiento de Málaga presume de haber frenado la expansión de los pisos turísticos con una moratoria, la realidad se empeña en desmentirlo. Un nuevo edificio de 28 apartamentos turísticos verá la luz en el Pasaje de Campos, a escasos metros de la casa natal de Picasso, en pleno casco histórico. La excusa es siempre la misma: el proyecto ya estaba tramitado antes de la moratoria. Otra vez, el capital se adelanta a la norma.
La operación corre a cargo de Take Point, una firma de inversión y gestión inmobiliaria, con la constructora Fonsán como ejecutora. El inmueble, situado en los números 4 y 6 del Pasaje de Campos, lleva abandonado desde que fue declarado en ruina en 2005 y parcialmente demolido en 2011. Ahora, en lugar de recuperar ese espacio para vivienda social o uso público, se destinará a alimentar la máquina turística que está expulsando a los vecinos del centro.
La trampa de los proyectos ya tramitados
El Ayuntamiento aprobó una moratoria para contener la proliferación de viviendas turísticas, una medida que muchos celebraron como un paso necesario frente a la turistificación galopante. Pero como suele pasar, la letra pequeña deja la puerta abierta. El proyecto del Pasaje de Campos se salva porque ya había sido tramitado antes de la moratoria, lo que le permite seguir adelante dentro del marco urbanístico vigente.
Es el típico agujero legal que convierte las medidas de contención en papel mojado. Mientras los vecinos de Málaga ven cómo los alquileres se disparan y los barrios históricos se vacían de residentes, los operadores turísticos siguen encontrando resquicios para seguir creciendo. La moratoria existe, sí, pero no sirve si los proyectos que la preceden pueden colarse por la puerta de atrás.
Regeneración urbana o negocio redondo
<Desde Take Point, su director de operaciones, José María Rueda, habla de recuperar un inmueble que llevaba años sin uso y de aportar valor al entorno y contribuir a la regeneración urbana. Es el vocabulario de siempre, el que viste de legitimidad social lo que no es más que una operación de negocio. Regeneración urbana debería significar viviendas a precios asequibles para los malagueños, no más camas para turistas.
Por su parte, Enrique Sánchez, director general de Grupo Fonsán, habla de responsabilidad y entusiasmo y del valor arquitectónico y patrimonial del inmueble. La fachada, catalogada con protección de Grado II, será conservada. Se respetarán barandillas, revocos, carpinterías y cromatismos tradicionales. El edificio, construido entre 1870 y 1880, mantendrá su apariencia exterior. Pero el interior, ese sí, será pura mercancía turística.
El centro histórico no es un parque temático
El proyecto contempla 1.457 metros cuadrados construidos sobre una parcela de 495 metros, con planta baja, dos alturas y espacios bajo cubierta. Todo adaptado a los estándares actuales de habitabilidad, eficiencia energética y seguridad, según Fonsán. Habitabilidad para turistas de paso, no para vecinos que quieren vivir en su ciudad.
Málaga lleva años sufriendo las consecuencias de un modelo turístico desregulado. El centro histórico se ha convertido en un decorado donde cada vez quedan menos vecinos y más apartamentos para visitantes. La moratoria era una señal de que algo tenía que cambiar, pero si cada proyecto previo puede seguir adelante, el mensaje es claro: la turistificación no se frena, solo se pausa.
La pregunta es inevitable. ¿Para quién se regenera el centro de Málaga? ¿Para los malagueños que quieren seguir viviendo en sus barrios, o para los inversores que convierten cada rincón del casco histórico en un Airbnb? Mientras la respuesta siga siendo la segunda, las moratorias serán poco más que un gesto cosmético.
