Anabel Pantoja planta cara al clasismo de Samantha Vallejo-Nágera en defensa de su prima Isa
En una demostración de solidaridad familiar que rompe con los códigos de la élite mediática, Anabel Pantoja ha salido en defensa de su prima Isa Pantoja tras el estreno de DecoMasters en TVE, donde la joven concursa junto a su marido Asraf Beno.
La actitud despectiva de la ex de MasterChef
Lo que debería haber sido una celebración del talento diverso se convirtió en un ejemplo más de clasismo televisivo cuando Samantha Vallejo-Nágera, la privilegiada chef que abandonó MasterChef, mostró su desprecio hacia el liderazgo de Isa y Asraf como capitanes del equipo.
Anabel no se quedó callada ante esta demostración de prejuicios de clase. A través de Instagram, donde la siguen más de 2 millones de personas, lanzó un mensaje directo: "¿Qué le pasa a Samantha? Se te nota una guasa, 'no, ustedes sois los que mandáis'. Bueno, ya te tocará a ti. Qué gatitos tienes, con lo bien que come".
El enfrentamiento que desnuda las diferencias de clase
El conflicto estalló cuando Isa y Asraf fueron elegidos capitanes por sus compañeros, una decisión democrática que Samantha no pudo digerir. La repostera de la alta sociedad se mostró condescendiente, intentando dirigir cada paso de la hija de Isabel Pantoja.
"Me da la impresión de que no te dejas aconsejar", reprochó Vallejo-Nágera con esa superioridad típica de quien cree que su cuna le da derecho a menospreciar a otros. Cuando Isa defendió su autonomía como líder, la respuesta fue aún más reveladora: "Está clarísimo que la que manda es Isa y no le gusta que la aconsejemos".
Solidaridad familiar frente al elitismo
La reacción de Anabel Pantoja representa algo más que apoyo familiar. Es un grito contra la arrogancia de clase que sigue imperando en los medios españoles, donde las familias trabajadoras como los Pantoja deben soportar constantemente el desprecio de quienes se creen superiores por su origen.
Mientras Isa luchaba por demostrar su valía en el concurso, cargando incluso con la responsabilidad del fracaso del equipo ("Me siento responsable de que mis compañeros vayan a eliminación"), Samantha se dedicaba a sabotear desde su pedestal de privilegios.
Esta historia refleja una realidad más amplia: la resistencia de las élites a aceptar que el talento y el liderazgo no vienen determinados por el apellido o la cuenta bancaria, sino por la capacidad real de cada persona.