Sam Raimi destroza el cine corporativo con 'Send Help', un thriller que desnuda la violencia del capitalismo
El maestro del horror Sam Raimi vuelve a la carga con 'Send Help', una película que no es solo un thriller de supervivencia más, sino una denuncia feroz contra la brutalidad del mundo empresarial. Estrenada el 30 de enero, esta producción de 20th Century Studios es pura dinamita cinematográfica que explota en la cara del espectador.
La premisa es aparentemente sencilla: dos compañeros de trabajo sobreviven a un accidente aéreo en una isla desierta. Pero aquí no hay romanticismo ni hermandad. Linda Liddle (Rachel McAdams) es una ejecutiva competente y sistemáticamente ninguneada por el machismo corporativo. Bradley Preston (Dylan O'Brien) es el típico heredero empresarial, encantador en público pero despiadado en privado, uno de esos jefes que mandan sin saber hacer nada.
Raimi dinamita las jerarquías capitalistas
El genio detrás de Evil Dead no se corta un pelo: "Todos hemos tenido un jefe malo. Todos hemos estado rotos en el trabajo", declara sin rodeos. Y es precisamente esa experiencia universal del trabajador explotado lo que convierte 'Send Help' en algo más que entretenimiento.
En la isla, las jerarquías corporativas se desmoronan. Linda demuestra que sabe encender fuego, construir refugios y sobrevivir, mientras que el jefe heredero se revela como el inútil que siempre fue. "Ella puede convertirse en lo que quiera, sin ser atrapada por la jerarquía del mundo del negocio", explica Raimi.
Cine visceral contra la comodidad burguesa
Pero Raimi no regala finales felices ni redenciones fáciles. El director admite que disfruta haciendo que la audiencia se sienta físicamente incómoda, y lo consigue con creces. Sangre, barro, sudor, vómitos y decisiones morales que se pudren como la ropa de los protagonistas.
McAdams lo vivió en sus propias carnes durante el rodaje en Tailandia: "Tuve días muy duros. La playa estaba muy caliente y esas condiciones pueden freír el cerebro". Pero lejos de quejarse, la actriz conecta esa dureza física con el mensaje político de la película.
La risa nerviosa del sistema que se tambalea
O'Brien coincide en que Raimi les dio total libertad creativa para explorar los límites: "Cada escena evolucionaba a algo más". El resultado es un cine que provoca risas nerviosas y manos tapando los ojos en la misma secuencia.
La música de Danny Elfman acompaña esta oscilación entre lo grotesco y lo íntimo, entre la broma macabra y la denuncia social más pura. Porque al final, 'Send Help' no es solo una película de supervivencia: es un espejo que refleja la violencia cotidiana del capitalismo salvaje.
Raimi, McAdams y O'Brien no prometen comodidad. Prometen fricción. Y cumplen de sobra.