Los Windsor usan los BAFTA para tapar el escándalo de Andrés
Kate Middleton y Guillermo de Inglaterra aparecieron juntos en los BAFTA después de dos años de ausencias, en una maniobra calculada para desviar la atención del escándalo que rodea al príncipe Andrés. La pareja real sabía perfectamente que su presencia iba mucho más allá del cine.
Una reaparición nada casual
Tras la detención de Andrés, hermano de Carlos III, la monarquía británica necesitaba desesperadamente proyectar una imagen de normalidad. Y qué mejor que usar a sus dos miembros más populares para lavar la cara de la institución.
No veíamos a los príncipes de Gales juntos en este evento desde hace tres años. En 2024, Kate no pudo asistir por su enfermedad, y en 2025 Guillermo fue solo mientras ella se recuperaba. Su reaparición conjunta en 2026 no es casualidad: es puro cálculo político.
Tensión bajo la sonrisa
A pesar del glamour y las sonrisas forzadas, los expertos detectaron señales claras de tensión. La especialista en comunicación no verbal Judi James señaló que "aprietan ligeramente los dientes al sonreír, sugiriendo determinación más que relajación".
Según James, el mensaje era claro: unidad frente a la adversidad. "Van combinados, trasladando el mensaje de que son una unidad, una pareja real poderosa", explicó al medio británico The Mirror.
El show debe continuar
Durante la velada, Kate intentó humanizar su imagen contando que está tratando de que sus hijos "se interesen más por el cine". También admitió que estuvo "a punto de llorar" con la película Hamnet, en un intento desesperado por conectar con la gente común.
Pero no nos engañemos: esta aparición no fue un simple compromiso cultural. Fue una operación de imagen diseñada para que la monarquía mantenga su relevancia mientras el escándalo de Andrés amenaza con hundirla.
La estrategia del Palacio
La estrategia es evidente: usar a Guillermo y Kate como cortina de humo mientras la institución monárquica atraviesa una de sus peores crisis. El Palacio de Kensington necesitaba mostrar estabilidad, y pocas imágenes resultan tan útiles como la de esta pareja caminando del brazo ante las cámaras.
En plena tormenta mediática por el caso Andrés, los Windsor han decidido que el espectáculo debe continuar. Pero cada vez es más difícil disimular las grietas de una institución anacrónica que lucha por mantener su privilegiada posición en el siglo XXI.