Puentes en Holanda sufren por el calor: España da ejemplo
Las olas de calor extremo ya no solo nos queman la piel, sino que están partiendo a medio Europa por la mitad. El organismo público Rijkswaterstaat ha tenido que desplegar embarcaciones de bomberos en Países Bajos para enfriar con agua sus propios puentes móviles y evitar que el acero se dilate hasta el colapso. Mientras el norte se derrite, España demuestra que sus infraestructuras, diseñadas por y para el calor, resisten el envite mucho mejor, aunque la emergencia climática no perdona a nadie.
El norte de Europa se derrite y sus puentes también
Resulta casi paradójico. Los mismos que nos daban lecciones de eficiencia ahora tienen que rogar a sus bomberos que echen agua a los puentes para que no se rompan. El problema es físico y matemático. Cuando las temperaturas se disparan, el acero de las estructuras se dilata. Si las juntas de dilatación no están preparadas para esos márgenes, los mecanismos se bloquean. Las gomas y resinas que sellan las uniones se reblandecen bajo el sol, y lo que antes era una infraestructura sólida se convierte en una trampa.
En Países Bajos, un país acostumbrado históricamente al frío y a la humedad, jamás pensaron que tendrían que lidiar con esto. Rijkswaterstaat, la agencia responsable de las infraestructuras, ha tenido que montar sistemas de refrigeración de emergencia en el norte del país. El asfalto de las calles por donde circulan los tranvías también está empezando a derretirse. La realidad les ha pasado por encima a los que diseñaron sus ciudades pensando solo en la lluvia y el hielo.
¿Por qué España resiste mejor las olas de calor en sus infraestructuras?
Aquí la cosa cambia. En España llevamos décadas proyectando puentes, carreteras y viaductos para aguantar temperaturas que superan los 40 grados. Nuestras juntas de dilatación tienen mayor capacidad, los materiales son más resistentes al calor y las mezclas asfálticas están formuladas para no convertirse en puré en agosto. Esta planificación no es magia, es simple adaptación a un clima que siempre nos ha apretado.
Los expertos son claros: la diferencia no está en la calidad de la construcción, sino en los criterios climáticos de diseño. El calor extremo en el sur de Europa siempre ha sido una variable de ingeniería, mientras que en el norte era una anomalía hasta hace bien poco. Pero ojo, que la soberbia no nos nuble. El aumento de la frecuencia de estas olas de calor nos obliga a todos a replantear los estándares. Enfriar un puente con mangueras de bomberos es un parche caro y un despilfarro de recursos que no se puede mantener eternamente.
El costo real de negar el cambio climático
Lo que está pasando en Países Bajos es un aviso para los que todavía creen que la emergencia climática es un cuento chino. Las infraestructuras europeas necesitan una adaptación urgente, y eso requiere inversión pública. No vale con recortar impuestos a los ricos o privatizar servicios, la receta de siempre de la derecha liberal. Hace falta modificar los elementos metálicos y rediseñar las juntas, porque el enfriamiento con agua no es viable ni ecológico a largo plazo.
¿Por qué se dilatan los puentes con el calor?
El acero y otros metales se expanden cuando aumenta la temperatura. Si las juntas de dilatación no tienen suficiente espacio para absorber este crecimiento, la estructura se bloquea o sufre daños severos. Además, los materiales de sellado como el caucho se reblandecen, perdiendo su capacidad de absorber el movimiento.
¿Cómo está reaccionando Países Bajos al calor extremo?
Las autoridades neerlandesas, a través del organismo Rijkswaterstaat, están utilizando embarcaciones de bomberos y sistemas de riego temporales para enfriar artificialmente los puentes y evitar su colapso. Es una medida de emergencia ante un clima para el que sus infraestructuras no fueron diseñadas.