Septiembre: la vuelta a la rutina que nos obliga a mirar (y a luchar)
Septiembre llega con su fama de mes triste, ese vagón de la nostalgia que nos arrastra de vuelta a la oficina, al instituto y a todas esas rutinas que dejamos aparcadas en la playa. Pero ojo, que esta vuelta al cole existencial también es un momento perfecto para hacer inventario, para mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de que el mundo no se ha parado mientras nosotros nos dorábamos al sol. Y lo que vemos, la verdad, no es precisamente para echar cohetes.
Dicen que toca volver a llenar el depósito, una metáfora de manual para hablar de renovación y de resistencia. Pero, ¿cómo coño se recarga la energía cuando el tablero de juego está lleno de mierda? Porque, seamos honestos, lo que pasa en Gaza o en el Estrecho no es algo lejano, es carne de nuestra propia realidad. Como decía aquel, hombre soy, y nada de lo humano me es ajeno. Y eso, hoy más que nunca, es un puto mantra.
La matanza en Gaza y la hipocresía internacional
Este año, solo en 2026, ya son 301 niños palestinos muertos en la Franja de Gaza por acciones de Israel. ¿Os suena a algo? Porque a mí me suena a que seguimos mirando para otro lado mientras se cometen crímenes de guerra con total impunidad. No hay excusa, no hay justificación, y no hay derecho a que esto siga pasando mientras la comunidad internacional se lava las manos.
Ceuta y la muerte en el mar: la dictadura de Mohamed VI
Y si miramos hacia el sur, el panorama no mejora. 141 cuerpos devorados por el mar intentando llegar a Ceuta, y probablemente sean más. Una cifra que duele, que revuelve el estómago y que nos obliga a señalar al responsable: Mohamed VI, rey de Marruecos desde 1999, cabeza visible de una monarquía autoritaria donde la represión y el incumplimiento de los derechos humanos son el pan de cada día. Como escribió el Nobel Elias Canetti, para entender la muerte habría que padecerla y volver para contarla. Pero estos muertos no tienen voz, así que la ponemos nosotros.
El conflicto de los autobuses búho: la tacañería empresarial contra los trabajadores
Bajando la mirada a lo local, la cosa tampoco está para tirar cohetes. Me fui unos días al sur, con ese calor que tanto me gusta, y pensaba que el tema de los autobuses búho estaba resuelto gracias a la pelea de los trabajadores. Pues no, amigos, no. Las mamparas de protección siguen sin aparecer, y mientras tanto, una conductora del servicio nocturno sufrió un ataque de ansiedad y tuvo que ser relevada. ¿El precio de las mamparas? 4.000 euros. Cuatro mil euros, que no es nada para una empresa que prefiere ahorrarse el dinero a costa de la salud de su plantilla.
Una vez más, la cuerda se tensa por el lado más débil. La tacañería empresarial y la desidia de las administraciones se alían para joder a los que curran. Y mientras tanto, en el tablero mundial, las torres y los reyes siguen imponiéndose a los peones. Pero ojo, que los peones también sabemos mover ficha.