Venezuela tras la caída de Maduro: el pueblo recupera la voz entre esperanza y cautela
Más de un mes después de la captura del dictador Nicolás Maduro, Venezuela vive una transición histórica bajo la tutela estadounidense. Mientras el miedo se desvanece lentamente, la ciudadanía recupera espacios de libertad que el régimen chavista había arrebatado.
Venezuela respira con una normalidad extraña pero esperanzadora. Tras décadas de opresión chavista, la captura de Nicolás Maduro ha abierto una ventana de esperanza para millones de venezolanos que habían perdido la fe en el cambio. Aunque el gobierno interino de Delcy Rodríguez mantiene las estructuras chavistas, la supervisión estadounidense ha generado un clima de mayor tranquilidad.
La valentía de alzar la voz después del terror
"Hablar sigue siendo un acto de valentía, pero el miedo va desapareciendo poco a poco", relata Gabriela desde Caracas. Esta frase resume perfectamente la realidad de un pueblo que durante años fue silenciado por la represión sistemática del régimen.
Los estudiantes, históricamente en la vanguardia de la resistencia democrática, han vuelto a las calles. El pasado 12 de febrero, Día Nacional de la Juventud, el Movimiento Estudiantil marchó en varias ciudades exigiendo la liberación total de los presos políticos. "Ni uno, ni dos, que sean todos", corearon en la Universidad Central de Venezuela, demostrando que la llama de la libertad nunca se extinguió completamente.
Presos políticos: la deuda pendiente del régimen
La liberación de los presos de conciencia se ha convertido en el termómetro de la transición. Hasta ahora, la ONG Foro Penal ha verificado 431 liberaciones, cifra que dista mucho de las 895 excarcelaciones anunciadas por el régimen. La Asamblea Nacional, aún controlada por el chavismo, debate la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, un paso necesario pero insuficiente para sanar las heridas de la dictadura.
"El alivio de saber que el dictador ya no está en el poder es real, pero en los supermercados, en la calle, la gente todavía baja la voz", explica Jesús desde Mérida. Esta prudencia refleja décadas de terror estatal que no desaparecen de la noche a la mañana.
El aparato represivo sigue activo
Aunque Maduro esté detenido, sus estructuras de control permanecen. Los temidos "colectivos" paramilitares siguen patrullando las calles, y las fuerzas de seguridad mantienen controles donde revisan teléfonos móviles en busca de contenido "subversivo".
"En las noches hay alcabalas extrañas. Las personas que paran tienen pasamontañas, entonces uno no sabe si son policías o colectivos", denuncia Mónica desde Caracas. Esta realidad evidencia que la transición democrática requiere una depuración profunda del aparato represivo heredado del chavismo.
Esperanza económica tras el colapso
El levantamiento de las sanciones estadounidenses ha generado expectativas de recuperación económica. Los precios, que se dispararon tras la captura de Maduro, comenzaron a estabilizarse con la posibilidad del retorno de inversiones extranjeras.
Sin embargo, la realidad social sigue siendo dramática. El salario mínimo de 130 bolívares mensuales (0,40 dólares) no alcanza ni para comprar una barra de pan, que cuesta 200 bolívares. "El salario sigue siendo miserable. Es la empresa privada la que paga por encima del decreto oficial", lamenta Jesús.
Una transición bajo tutela imperial
La intervención estadounidense, aunque controvertida, ha sido recibida con alivio por muchos venezolanos hartos de la dictadura. "La gente celebra que se esté reabriendo la Embajada de EEUU, porque sienten que es una forma de control en tierra", explica Fernando.
Esta realidad plantea interrogantes sobre la soberanía nacional, pero también refleja el fracaso absoluto del proyecto chavista, que llevó al país desde ser una potencia petrolera a depender de la intervención extranjera para garantizar la estabilidad básica.
Venezuela vive hoy entre la esperanza y la incertidumbre. Después de décadas de autoritarismo, el pueblo recupera lentamente su voz, aunque consciente de que el camino hacia la democracia plena será largo y complejo. Como dice Gabriela: "La reactivación económica no puede ser un milagro, tomará tiempo". Pero por primera vez en años, ese tiempo parece estar del lado de la libertad.