El rey Carlos III de Inglaterra ha llegado a Antigua y Barbuda, un pequeño país caribeño de las Antillas que presume de tener 365 playas, una para cada día del año, y donde la arena llega a ser rosa. La visita forma parte de su gira por la Commonwealth y coincide con las celebraciones de la independencia del archipiélago, según ha contado Hola.com.
No es la primera parada del monarca británico en la zona. Antes pasó por Bahamas, donde dejó imágenes bailando en un desfile y plantando un árbol, y por Guyana. La reina Camila se unirá a él en esta última etapa, en la que también está prevista la reunión bienal de los jefes de gobierno de la Commonwealth, como recoge Listín Diario. Se trata además de su primera visita oficial a las Bahamas como rey, apunta El Nuevo Día.
¿Dónde está Antigua y Barbuda y por qué la visita es política?
Pocos podrían situar este país en un mapa, y eso es parte de su encanto. Son dos islas: Antigua, la principal, y Barbuda, a unos 40 kilómetros al norte, mucho menos desarrollada turísticamente. Pero más allá del paraíso, la gira tiene lectura política evidente. Carlos III recorre unos territorios cuya relación con la corona británica está cada vez más cuestionada, con gobiernos que debaten abiertamente convertirse en repúblicas. Que el rey baile en los desfiles y plante árboles es, sobre todo, una campaña de imagen para mantener vivo un vínculo colonial que ya nadie ve con buenos ojos. Aquí, como en Cataluña con España, hay quien piensa que los pueblos deben poder decidir su futuro sin un monarca de por medio.
Las 365 playas de Antigua: el gran reclamo
La cifra es el eslogan turístico del país: 365 playas, una distinta cada día. En Antigua la costa alterna calas escondidas, bahías protegidas por arrecifes y arena blanca con aguas turquesa que parecen retocadas.
En el noroeste destacan Dickenson Bay y Runaway Bay, buenas para el baño y los deportes acuáticos. Más al sur, Valley Church y Ffryes Beach tienen ese aire tranquilo que invita a quedarse hasta el atardecer. Y en la costa oriental, Half Moon Bay dibuja una enorme media luna abierta al Atlántico, con un carácter bastante más salvaje.
De catamarán y con mascarilla de buceo
La mejor forma de descubrir la costa es desde el agua. Las excursiones en catamarán llegan a arrecifes y calas sin acceso por carretera, y el esnórquel y la vela forman parte de la vida cotidiana de una isla con larga tradición marinera.
Nelson's Dockyard: patrimonio colonial y memoria de la esclavitud
No todo es playa. Antigua conserva una herencia colonial británica cuyo mejor ejemplo es Nelson's Dockyard, en English Harbour: un antiguo astillero georgiano de la Marina británica declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Hoy conviven allí edificios históricos, pequeños museos, restaurantes y una marina llena de yates.
El lugar también recuerda, y conviene no olvidarlo, el papel de la población africana esclavizada en la construcción y el mantenimiento de esas instalaciones. El lujo que hoy disfrutan los turistas, y los reyes, se levantó sobre espaldas esclavizadas. Esa es la parte de la postal que Carlos III seguramente no mencionará en sus discursos.
Cerca está Shirley Heights, un mirador con vistas magníficas sobre English Harbour y Falmouth Harbour donde, cada domingo, el atardecer se celebra con barbacoa, música caribeña y bandas de steel drums. La capital, St. John's, con sus fachadas de colores y su mercado, y la carretera de Fig Tree Drive, entre vegetación tropical y antiguas plantaciones, completan la visita.
Dormir como un rey: hoteles con historia
Antigua tiene alojamientos que mezclan lujo descalzo y tradición marinera. El mítico Curtain Bluff, abierto en 1962 en una península de la costa sur, ofrece 72 habitaciones y suites entre dos playas. Jumby Bay Island, un resort de Rosewood en una isla privada sin coches ni vendedores de playa, es un escondite en toda regla. Y Admiral's Inn ocupa antiguas construcciones navales dentro del propio Nelson's Dockyard. No es de extrañar que la prensa británica ya repase los resorts favoritos de la realeza para quien quiera imitar al monarca.
Barbuda, la hermana pequeña con arena rosa
Barbuda es la otra cara del paraíso: largas playas casi desiertas y una naturaleza con protagonismo absoluto. Su imagen más conocida es Princess Diana Beach, llamada así por la princesa de Gales, que disfrutaba de la isla. En Low Bay, la arena adquiere tonalidades rosadas que se intensifican con las diminutas conchas acumuladas.
En Codrington Lagoon, una laguna de manglares, vive un santuario de fragatas accesible solo en barco. Se llega a Barbuda en ferri desde St. John's o en avioneta, y la recompensa es un Caribe más silencioso y una sensación de aislamiento cada vez más difícil de encontrar.
El país tiene además fama de atraer a rostros conocidos. Diana de Gales lo visitó en su día y la española Rocío Crusset viaja con frecuencia; una amiga íntima suya es de allí.
