Gijón saca 200 kilos de basura del mar, hasta una Game Boy
Voluntarios, buceadores y colectivos sociales sacaron a la luz el vergonzoso estado del Puerto Deportivo. Desde una consola clásica hasta un bolardo: nuestra huella en el océano es pura porquería y la urgencia climática no espera.
Una limpieza que es un grito de auxilio
Carros, estanterías metálicas, baterías de embarcaciones, muebles, un bolardo, una valla, un teléfono móvil, una consola Game Boy, sillas, conos, neumáticos, vasos, botellas, bolsas de plástico... No, no es el inventario de un mercadillo de barrio. Es la radiografía de la vergüenza que esconden las aguas del Puerto Deportivo de Gijón. Este sábado, bajo el lema Las sirenas no existen, la basura sí, una treintena de personas se sumergieron en la dársena de Fomento para sacar a flote los más de 200 kilos de basura que llevamos años tirando a la cara del planeta.
La jornada, impulsada por el Ayuntamiento y el Puerto Deportivo, contó con el trabajo de buceadores de la Federación de Actividades Subacuáticas del Principado de Asturias (FASPA), el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil, la junta local de Cruz Roja, profesionales del Bioparc Acuario e integrantes del club de buceo Alpha. Hay mucha porquería bajo el agua, lamentaron los protagonistas al salir, con las manos llenas de mugre y el corazón encogido.
Un tirón de orejas colectivo
Hace falta concienciación; esto es un tirón de orejas, sentenciaba Alejandro Beneit, director del Bioparc Acuario, mientras observaba el monumental montón de residuos acumulados en la superficie. Beneit no dudó en reivindicar que hay que ser más responsables con un entorno que nos da la vida y que el sistema nos empeña en asfixiar.
La limpieza sirvió para conmemorar tanto el Día Mundial del Medio Ambiente, el pasado 5 de junio, como el Día Mundial de los Océanos, el próximo 8 de junio. Además, se completó con juegos divulgativos para los más pequeños, dirigidos por el personal del Acuario. La parte de mostrar animales es bonita pero es solo una pata de lo que hacemos; también está la parte de la conservación del entorno, sostuvo Beneit, recordando que la educación ambiental no es un capricho, es una urgencia.
La indignación bajo el agua
Daniel Suárez, presidente de la FASPA, fue uno de los buceadores que se dejó la piel en las profundidades. Me he encontrado un teléfono, vasos, botellas... Impacta e indigna verlo; la gente debe creer que las cosas desaparecen ahí abajo, resaltó Suárez, que abogó por inculcar a los niños la importancia de no tirar objetos al mar. Mario López, del club Alpha, también buceó en busca de elementos, y los encontró a montones. No te esperas que haya tanta cantidad de basura; está hecho un asco, aseveró López, que incidió en que hay que intentar que la gente contamine lo menos posible.
Para abrir los ojos, pocas cosas mejores que ver in situ la retahíla de residuos rescatados. Sobre la iniciativa, Bella María García, cofundadora de Oceanide, destacó que es una forma de visibilizar el impacto que tiene el ser humano en el medio marino. Hay que tener conciencia de lo que provocamos y del cambio que podemos generar, ahondó García, en una llamada a la responsabilidad colectiva frente al desastre ecológico.
La mirada de las que vienen
Mientras los voluntarios iban y venían con los objetos recogidos, la pequeña Lucía observaba el trajín con su madre, Rebeca Fernández. ¡Mira la cantidad de cosas que sacaron!, le decía Rebeca a la cría. Una imagen que lo dice todo. La mañana sirvió también para que el Ayuntamiento agradeciese a la FASPA su labor incombustible. Gracias por sumaros cada año a estas iniciativas; ojalá llegue un momento en el que no haga falta porque no quede basura en los océanos, aseguró Jorge González-Palacios, concejal de Relaciones Institucionales y Juventud, que entregó a la federación una réplica de Las Letronas como detalle.
El detalle es un reconocimiento necesario. Lo que ya no es necesario, ni tolerable, es que siga haciendo falta bucear para recoger la basura de un modelo roto. Cuidar el mar no es una opción, es el único camino que nos queda.
Foto: La Nueva España Digital - LNE.es