Se acabó el cuento. El puerto de Algeciras, que durante décadas fue el rey indiscutible del comercio marítimo en el Estrecho de Gibraltar, ha perdido la corona. Y no la ha perdido contra un socio europeo, sino contra Marruecos. Así lo confirman los datos de Eurostat y de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Una bofetada geopolítica que llega en el peor momento, con las relaciones entre Madrid y Rabat más tensas que nunca.
Tánger Med, ese gigante levantado a solo 30 kilómetros de Ceuta, ya mueve más del doble de contenedores que Algeciras. Hablamos de 11 millones de TEUs al año, la unidad estándar para medir la capacidad de carga de los contenedores. Mientras, el puerto gaditano se queda atrás, superado también por Valencia en volumen de 'cajas' y solo líder nacional en tonelaje total. Que no te vendan la moto: en la liga del Estrecho, ahora manda Rabat.
¿Por qué Marruecos nos ha ganado la partida en el Estrecho?
El informe de la Universidad de Navarra es demoledor. Marruecos ha jugado sus cartas con una estrategia clara: invertir a lo grande en Tánger Med y en el nuevo puerto de Nador West Med, a 50 kilómetros de Melilla. No es solo una cuestión económica, es una maniobra política para envolver a Ceuta y Melilla, bloquear su crecimiento y generar dependencia. La monarquía alauita quiere convertir el Estrecho en su gran baza, y de momento lo está consiguiendo.
Y no nos engañemos, la cosa no va solo de contenedores. Marruecos está ampliando su influencia por todas partes: los acuerdos de Abraham, su papel como potencia emergente en el Sahel tras la retirada francesa... Todo suma. El Estrecho, donde los intereses de España y Marruecos se solapan, es el escenario perfecto para que Rabat demuestre quién manda ahora en la región.
La tasa verde europea nos está jugando una mala pasada
Aquí viene lo bueno. Mientras la Unión Europea impone su famosa 'tasa verde' para descarbonizar el transporte marítimo, Marruecos se frota las manos. Las navieras tienen que pagar por el 70% de sus emisiones este año, y a partir de 2027 será el 100%. ¿El resultado? Muchas empresas prefieren descargar sus mercancías en Tánger, a solo 10 kilómetros de la Península, donde no tienen que pagar esos sobrecostes. Así de simple, así de injusto.
Pero no todo es culpa de Bruselas. Los puertos españoles están anticuados, y eso lo sabemos todos. Mientras Tánger Med y Nador West Med son puertos ultramodernos, hiperautomatizados, con una capacidad de movimiento brutal, Algeciras se queda corta. Menos infraestructura, más retrasos, más costes. Y al final, las navieras votan con los pies.
¿España tiene alguna esperanza en el ámbito energético?
Aquí sí tenemos algo que decir. España es el país europeo con más plantas especializadas en descarga de gas natural licuado (GNL). Y tras la invasión de Ucrania, con las sanciones a Rusia, la puerta del sur se ha convertido en el salvavidas energético de Europa. Cartagena y Barcelona lideran la carga, y ahí Marruecos todavía no nos ha tosido.
Pero ojo, que Rabat ya está diseñando un puerto con un gran complejo industrial y una central portuaria centrada en la descarga y procesamiento de combustibles. Quieren entrar también en ese pastel. La partida no ha terminado, pero desde luego vamos por detrás en el marcador.
¿Qué significa esto para Ceuta y Melilla?
Mucho, y nada bueno. La estrategia marroquí busca asfixiar económicamente a las dos ciudades autónomas. Si Tánger Med y Nador West Med se convierten en los hubs de referencia, Ceuta y Melilla quedan relegadas a un papel secundario, dependientes de un vecino que no precisamente nos quiere bien. Es una presión silenciosa, pero constante, que juega directamente con las reclamaciones territoriales de Marruecos.
El Estrecho concentra el 10% del tráfico marítimo del planeta, con cerca de 100.000 barcos al año. Es una mina de oro, y nosotros estamos dejando que nos la arrebaten. Tánger Med ya duplica a Algeciras en contenedores, y aunque todavía está lejos de gigantes como Rotterdam o Amberes, su peso en el Mediterráneo no deja de crecer.
¿Estamos a tiempo de reaccionar?
La pregunta del millón. La respuesta corta es: sí, pero hay que espabilar. Necesitamos modernizar nuestros puertos, agilizar la burocracia y, sobre todo, plantar cara a esa competencia desleal que supone que Marruecos se salte las normas europeas mientras nosotros cumplimos a rajatabla. No se trata de renunciar a la transición ecológica, pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo nos comen la tostada.
España tiene la oportunidad de liderar el sur de Europa, pero para eso hace falta voluntad política y una estrategia clara. Y desde luego, no podemos seguir mirando hacia otro lado mientras Marruecos nos gana la partida en nuestro propio patio trasero. El Estrecho es nuestro, y hay que defenderlo.